El respetado del módulo de respeto

oct 25th, 2015 | Por | Categoria: Actualidad Penitenciaria

Jamás pensó Pedro Pacheco que el peso de la Justicia le alcanzaría. Tanto fue así que el día en que fueron a detenerle salió de su casa con la intención de desayunar, como todos los días, en el conocido bar ‘Camino del Rocío’, tan cercano a su casa como a la sede jerezana de la Audiencia Provincial que le había condenado meses antes. Pantalones marrones, camisa a cuadros y un chaleco forrado portaba cuando unos agentes de paisano de la Brigada de Policía Judicial le salieron al paso. Días antes, en la intimidad de un despacho de la Audiencia, se había dictaminado que no había más tiempo que esperar, que el reo debía ser conducido a prisión y que cualquier tipo de recurso (infructuoso por cierto) se dirimiera entre rejas.

Pacheco, tan dado a las grandilocuencias, no escapó siquiera de la magnificencia en esta suerte. Fue trasladado a comisaría sin esposar. Allí, en el patio de calabozos, esperó a un momento clave: el momento en que pasaría de ser un detenido a convertirse en un reo. Se le respetó en todo momento. No eran pocos los agentes que le conocen. Y muchos más los que le admiraban como el prohombre que cambió Jerez por completo. En una bolsita de plástico portó sus escasas pertenencias consciente de que iba rumbo al complejo penitenciario de El Puerto. Amigos de toda la vida, entre ellos Rafael Plaza, deambulaban por la plaza del Arroyo incrédulos ante este revés del destino: Pedro, ‘don Pedro’, iba a ser conducido a prisión.

El furgón de la Guardia Civil llegó, se le esposó y hubo que hacer milagrosas maniobras en la calle Curtidores para que el ex alcalde pudiera montarse sin que las cámaras de los fotógrafos de prensa, ansiosos, captaran el momento. Hubo algún funcionario del Cuerpo Nacional de Policía que se extralimitó al proclamar en alta voz que si el furgón de la Benemérita no entraba de pleno en la sala de calabozos el preso no saldría de allí.

Lo que tuvo que suceder sucedió. Pacheco, el otrora omnipotente alcalde jerezano, aquel que proclamó que la Justicia era un cachondeo, se encontraba de bruces con esa señora ciega que porta espada y balanza. El fiel de esta última no le fue favorable, pese a haber estado curtido en mil batallas en las que el TSJA de Granada fue uno de sus paraderos habituales siempre que osaba atacar al Poder Judicial o a la omnipotencia de una Junta que dejaba a Jerez convertida “en una isla rodeada de capullos”.

Ya dentro, Pacheco no tuvo más remedio que “institucionalizarse”, como rezaba la frase pronunciada por el viejo presidiario en la película Cadena Perpetua y que los funcionarios españoles sustituyen por “prisionizarse”. Una revisión médica y entrevistas con médico, educador y psicólogo conformaron su primer día, el mismo en que se le asignó una celda en el módulo de respeto de Puerto 3, el número 12 para más señas. Allí, acompañado por un joven condenado por tráfico de drogas, pasó sus primeras horas dentro del PPS, el programa de prevención de suicidios entre la población reclusa. Poco a poco, el político comenzó a darse cuenta de su realidad y a adaptarse a ella.

Aprovechar el tiempo ha sido el objetivo de Pacheco durante este año en reclusión. Se matriculó en Historia del Arte y formó parte del equipo redaccional de la revista editada en la prisión. El primer reto sigue adelante, el segundo no. El tiempo lo distribuye entre la lectura (siempre ha sido un lector voraz), el estudio y el deporte. Se trata de varias de sus pasiones, con las que adquiere mayor conocimiento y una forma física que muchos han calificado como “envidiable”.

En el módulo 12 Pacheco no es uno más, aunque las fuentes de prisiones intenten hacerlo ver así. Es un hombre de respeto en un módulo de respeto. Dicen, no se ha podido confirmar, que junto con otro recluso ejerce de alma de este lugar donde el cumplimiento de las reglas es esencial.

“Dentro de las cárceles hay cárceles”. Así lo confesaba un viejo guardia civil a este periodista hace años. El módulo de respeto es el paraíso en comparación con las galerías donde los problemas y los conflictos están a la orden del día. Con una apariencia absolutamente aséptica, los reclusos que llegan a este lugar saben a las perfección qué, cómo y cuándo deben hacer sus labores. Aunque por ley se permite fumar, no lo está tirar colillas en cualquier lugar que no sea un cenicero o no realizar las labores encomendadas, desde la limpieza de la propia celda a los trabajos de comunidad.

Cuentan que Pacheco pasa malos momentos cuando se considera centro de las miradas, algo que sucede cuando alumnos de Derecho de Jerez y otras localidades se pasan por la prisión para conocer un entorno que a buen seguro deberán visitar en más de una ocasión. Es entonces cuando baja la vista y se gira cuando, como fue el caso, hacía cola para poder utilizar el teléfono público del módulo.

Lejos del módulo 12, en Jerez, la vida sigue aunque la familia del ex alcalde está viviendo los peores meses de su vida. El tema es prácticamente tabú a menos que se trate en la intimidad familiar. Hay dolor. Y mucho. Sobre todo después de que consideraran que muchos sectores sociales no aportaron todo el esfuerzo necesario para instar al Gobierno de la nación a concederle el indulto.

La vida sigue aunque en prisión las horas se cuentan una a una. Sobre la cabeza de Pacheco aún penden tres casos que serán llevados a juicio: ‘Estación de Autobuses’, ‘Casa del Rocío’ y ‘Huertos de Ocio’. De estas tres sentencias dependerá el tiempo que Pacheco se pase en prisión. Si no añadiera más condena podría empezar a salir de la cárcel con permisos en agosto del año próximo, una vez cumplida la tercera parte de la condena del ‘caso Asesores’. En caso contrario las matemáticas penitenciarias, tan crueles, volverían a hacer su trabajo.

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