¿Qué es un funcionario público?

Jun 26th, 2017 | Por | Categoria: Opositores de prisiones

Un joven otea el horizonte cuando comienza a anochecer. Le dijeron que ‘el Rayo Verde’ existía pero nunca ha sido capaz de verlo, aunque se atreve a mirar al sol a los ojos antes de que se esconda. Se contenta entonces con creer que el horizonte al menos sí existe. Le da la mano a su novia y cual funambulistas sueñan juntos en atravesarlo. Están cansados. Han trabajado todo el día sin remuneración alguna. No saben si alguna vez alcanzarán el éxito o no. Mientras, aprenden qué es la demora en la gratificación y tragan la saliva espesa de la tolerancia a la frustración.

Si fracasan habrán perdido todo a cambio de nada (si alguien ha sentido envidia o se ha alegrado alguna vez de que a los funcionarios se les recorten sus derechos, que piense en esto).

Aprobar una oposición es muy difícil y aunque obtengan un trabajo fijo saben que nunca serán ricos. No podrán hacer lo que quieran pero sí podrán querer lo que hacen, porque no trabajarán de maestros, sanitarios o funcionarios de prisiones: serán maestros, sanitarios o funcionarios de prisiones. Se casarán, tendrán hijos de los que podrán ocuparse. Ese es el mejor antídoto contra el fracaso escolar y la delincuencia. Se sentirán realizados. El poco dinero que les quede lo invertirán en consumo, alimentando el empleo privado. El Estado les cobrará más del 50% de lo que ganan en distintos impuestos. Pagarán religiosamente a Hacienda porque estarán siempre controlados. No podrán progresar económicamente porque cualquier otra actividad será incompatible para ellos. Firmarán a cambio dos sencillas cláusulas: entregarán su vida profesional a cambio de que les respeten el sueldo y se lo actualicen al IPC. Ellos no venden nada, no podrán repercutir la subida de los precios hacia nadie. Los funcionarios no suben la inflación pero sí saben lo que cuestan las cosas porque ingresaron por su mérito y capacidad en condiciones de igualdad (salvo casos de clientelismo al que invita el Estatuto Básico del Empleado público al sustituir ‘igualdad’ por ‘idoneidad’).

Ayer se celebró el Día Internacional del Servidor Público. Los empleados públicos (algo más de dos millones y medio) comprenden varios conceptos: los funcionarios de carrera, personal laboral y estatutario fijos (los del mérito y la capacidad) y el personal político o eventual e interinos.

¿Hay muchos funcionarios en España?: si nos vamos a las cifras no. La media en la OCDE es del 21,3% y en España solo llegamos al 17,1 por ciento.

Claro está que deberíamos eliminar a ‘asesores’ y demás puestos políticos, muchos de ellos altos cargos con ‘idoneidad’ pero algunos sin Graduado Escolar. Es difícil cuantificarlos ya que las diferentes estadísticas (Agencia Tributaria, EPA, etc.) se contradicen. Creo que en economía hay que ser esencialmente liberal. La defensa de la propiedad privada es un pilar de la democracia y no esta piraña confiscatoria permanente que padecemos en España. Pero una vez dicho esto, no todo en la vida es economía.

Hay sectores que no son directamente productivos pero las cosas que más valen en la vida son precisamente aquellas que no tienen precio: la confianza, el orden, la imparcialidad, la justicia, la salud, la educación… Cuando esto se hace evidente los políticos insultan a la gente válida llamándoles ‘tecnócratas’, entran en pánico y demonizan a los funcionarios fomentando el auténtico deporte nacional: la envidia. Con ese caldo de cultivo podrán expropiarles sin retorno el 5% de su sueldo, la paga extra de Navidad (dejando caer que es una concesión graciable y no un derecho) quitarles dinero si se ponen enfermos, hacerles que pierdan en unos años: ¡el 40% de su poder adquisitivo! (es tan difícil de creer como cierto). Recabar el aplauso facilón y traicionero con el concepto de ‘cafelito’ -al menos los funcionarios se pagan su propio café- para poder culparles de una crisis de la que fueron víctimas y así distraer la atención manteniendo a buen recaudo sus intereses oligárquicos.

Entregarán su vida y cuando llegue el momento de la jubilación saldrán otra vez a pasear orgullosos de ser lo que son, de que nadie les haya regalado nada y con la satisfacción del deber cumplido.

La economía seguirá basándose en empresas que sepan incrementar la riqueza, pero el progreso de la sociedad será imposible sin los valores que ellos transmitieron. Los alumnos que educaron, los enfermos que sanaron, los presos que ayudaron a reinsertarse quizás no elijan ser funcionarios como ellos. Llevarán tatuada sin embargo la impronta clorofila de ese rayo escurridizo que un día les incitara a coronar el horizonte.

El Estado Social no es otra cosa. Personas que viven libres sin que el Estado les toque las narices, como regla general ni deje de protegerlos, bajo ningún concepto, cuando haga falta.

Fuente: Diario Sur

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